jueves, 7 de enero de 2016

Campeche / Víctor Sierra Lara

Víctor Sierra Lara
Javier CASTILLO

Ayer, por razones desconocidas, Víctor Sierra Lara, locutor de radio, dejó esta vida. De él estoy agradecido por su amistad, una gran amistad de oro, porque gracias a él, arriesgando su empleo de funcionario gubernamental, fui excarcelado cuando un gobernador ordenó al jefe de la policía, Mario Mena Hurtado, me mantuviera en prisión como escarmiento para someterme y dejar de criticarlo periodísticamente. A Víctor lo conocí en la radiodifusora XECAM -hoy Kiss FM-, cuyas instalaciones estaban sobre la avenida Miguel Alemán y Juárez; en el mismo edificio funcionaban las instalaciones del periódico Novedades de Campeche, del cual era yo reportero gráfico y luego reportero.

Finalizaba el sexenio gubernamental de Eugenio Echeverría Castellot. A mediados del siguiente sexenio, el de la Concordia de Abelardo Carrillo Zavala, fui propuesto por una reportera del Novedades de Yucatán para ocupar la corresponsalía de El Universal en Campeche. Alterné por algunos meses más la reporteada para el Novedades de Campeche y el envío de información para El Universal, hasta que decidí dedicarme más a El Gran Diario de México.

Fue en esos tiempos, un primero de mayo, cuando un grupo de compañeros, aprovechando el día feriado, acordamos en horas de la tarde, botanear en el malecón. Estaba de visita un periodista de Yucatán que laboraba en el Diario de Yucatán. La moda política eran los epítetos hacia el gobernante en turno al que le habían endilgado "Adán" porque se había comido una manzana de casas para construir su residencia, o el "maraquero" debido a que había pertenecido a un grupo musical, decían sus contemporáneos, y tocaba las maracas. Al periodista del Diario de Yucatán le había interesado el tema.

Y así, entre "cheva" y "cheva", decidimos acercarnos al punto donde estaba construida la residencia de "Adán", en las cercanías de la glorita al monumento erigido a la memoria de Justo Sierra Méndez. En el vetusto vehículo de otro corresponsal -porque en aquella época los periodistas consentidos del gobernante, los que lo halagaban con sus plumas, estrenaban vehículos, les pagaban viajes, les regalaban casas sin faltar el consabido abultado embute mensual- nos adentramos por la calle Pípila.

Ya a media calle, del garage de un predio salió imprudentemente un volkswagen guiado por un familiar del gobernante, interrumpiendo el paso del viejo automóvil. Lógicamente reclamos la imprudencia. Vimos la residencia, proseguimos el trayecto, y retornamos al malecón. Una hora después, aproximadamente a las cinco de la tarde, vemos la aparición de varias patrullas policíacas con torretas encendidas. Intrigados nos preguntamos hacia dónde era el operativo y...¡el operativo era contra nosotros, contra los rijozos que escandalizaban en la vía pública, según reportaron vecinos!

Y ¡órale que nos suben a las patrullas! El destino: los separos policíacos de la Coordinación de Seguridad Pública ubicados entonces frente al Balneario Popular, donde está actualmente el Hotel Hollyday Inn. A los cinco compañeros nos metieron en una celda, férreamente vigilados e incomunicados. Nos fotografiaron. Nos filmaron y nos la cantaron: de aquí no salen sino hasta dentro de dos días por órdenes superiores. Las horas transcurrieron. Cerca de la media noche un gendarme nos ordenó ponernos firmes porque hacía acto de presencia el Juez Calificador.

Con libreta en mano se acercó a las rejas el Juez Calificador. Preguntó nuestros nombres. Observó a cada uno de nosotros. Se dirigió a mí y me dijo:

-A tí te conozco ¿por qué estás aquí si eres periodista?
-Que por órdenes superiores, le respondí.
-No se desesperen, al rato salen. Palomeó nuestros nombres. Prosiguió con su diligencia. Al abandonar el área de detenidos nos saludó de lejos con la mano.
A la media noche, un policía interrumpió el inició de nuestro sueño. Del racimo de llaves, tomó una y abrió el candado de la celda en la que estábamos.
-Tienen suerte de que el Juez Calificador es amigo suyo. Pueden largarse pinches periodistas, no se sigan metiendo en pendejadas.
...El Juez Calificador era Víctor Sierra Lara, amigo de Laura Escalante Canto. Ambos cetemistas, de la misma extracción del gobernante en turno.

Días después en un evento en Ciudad del Carmen le reclamé al gobernador el proceder de la policía.

-Merecían un escarmiento para que se disciplinen y le bajen a las críticas. Corrieron con suerte que nada más les fotografiaran y filmaran porque el coronel Mario Mena Hurtado tiene otros remedios para someter a los antigobiernes, agregó el gobernante esbozando una burlona sonrisa.

Cada que escuchaba a través de la XEA el programa nocturno "Serenata para Tí", que se transmitía en horario de 20:00 a 24:00 horas de lunes a viernes, agradecía al amigo Víctor Sierra mi libertad...

Descansa en paz amigo Víctor...Hasta siempre...